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| Miguel Ángel Villalobos |
DIVERSIÓN
ASEGURADA
Steven Spielberg sale de su retiro cinematográfico en el que lleva
inmerso ya unos cuantos años –algo lógico tras la tibia acogida que recibió su
cuarto y, esperemos, último “Indiana Jones”- para cumplir al fin uno de sus
sueños más acariciados desde que comenzó en el negocio del cine para regalarnos
algunas de las mejores y más recordadas películas de la historia: Llevar a la
gran pantalla las historias de su admirado Tintín, el mítico personaje de comic
creado por el belga Hergé. Tras asociarse en las tareas de producción con Peter
Jackson, el cual se convirtió en el realizador más famoso y valorado a primeros
de 2000 por su trilogía de “El Señor de los Anillos” y hoy en franca decadencia
tras dos proyectos cinematográficos fracasados tanto en crítica como en público,
el legendario director americano encontró la suficiente confianza y financiación
para llevar al personaje de Hergé al cine. Una tarea complicada por dos razones:
la primera, por elegir la técnica de animación en captura de movimiento,
teniendo en cuenta todos los quebraderos de cabeza que conlleva esta forma de
hacer cine, y la segunda por la escasa popularidad de Tintín en los Estados
Unidos.
En cuestiones de adaptación los “Tintínófilos” no encontrarán demasiada queja. A pesar de fundir en una sola tres historias distintas del personaje y hacer importantes modificaciones en los argumentos de las mismas, se puede decir que la versión cinematográfica conserva todos los atributos que hicieron grande al Tintín del tebeo. Tenemos humor para todas las edades, situaciones de peligro propias del “pulp” (no en vano Spielberg aprovecha estos elementos para aportar algo del toque “Indiana Jones”, que parece que le sale solo) y una alegría “naif” propia de las historias clásicas del comic que no dejan respiro ni permiten el aburrimiento en ningún momento. El guión en el que colabora el gran Steven Moffatt –que lleva años haciendo historia en la BBC con sus geniales versiones del “Dr. Who” y de “Sherlock Holmes”- respeta muchos de los elementos de ironía y comedia socarrona que tenían los cuadernos originales, a pesar de que la mezcla de historias acaba pasándole factura a ciertas escenas algo fuera de lugar; como la sorpresiva aparición de la famosa cantante Castafiore, por poner un ejemplo).
Es una verdadera pena que todo se haya quedado en esa fiel superficie, porque la historia no va mucho más allá de su planteamiento de diversión intrascendente. Los comics de Hergé casi siempre incluían alguna nota agridulce o ciertos mensajes de cierto calado –incluyendo crítica social, inclusive- pero que en “Las Aventuras de Tintín” han sido dados de lado en mor del espectáculo más accesible y para el que no es necesario usar demasiado las neuronas. Otra pega es la propia técnica con la que está realizada que resulta espectacular en algunas escenas (ese tupé de Tintín en el que cada maldito pelo se mueve como si fuera totalmente real) y cansina en otras (algunos rostros son demasiado inexpresivos) y es que desde el estreno de las pioneras “Polar Express” o “Beowulf” sigo sin verle la gracia a eso de contratar actores reales, capturarles los gestos de la cara y crear un monigote animado con su –oculta- interpretación. Pero todo eso queda compensado con el sentido de la maravilla de muchas de las escenas de aventura; como ese final motorizado por las calles de un mercado árabe que actualiza y magnifica algo de ese tono marca de fábrica del mejor Spielberg. Sí, es algo simplista y puede ser olvidada a los pocos días de verse, pero ¿Y lo bien que nos lo hemos pasado? Ah, y la banda sonora de John Williams es estupenda, como siempre.
En cuestiones de adaptación los “Tintínófilos” no encontrarán demasiada queja. A pesar de fundir en una sola tres historias distintas del personaje y hacer importantes modificaciones en los argumentos de las mismas, se puede decir que la versión cinematográfica conserva todos los atributos que hicieron grande al Tintín del tebeo. Tenemos humor para todas las edades, situaciones de peligro propias del “pulp” (no en vano Spielberg aprovecha estos elementos para aportar algo del toque “Indiana Jones”, que parece que le sale solo) y una alegría “naif” propia de las historias clásicas del comic que no dejan respiro ni permiten el aburrimiento en ningún momento. El guión en el que colabora el gran Steven Moffatt –que lleva años haciendo historia en la BBC con sus geniales versiones del “Dr. Who” y de “Sherlock Holmes”- respeta muchos de los elementos de ironía y comedia socarrona que tenían los cuadernos originales, a pesar de que la mezcla de historias acaba pasándole factura a ciertas escenas algo fuera de lugar; como la sorpresiva aparición de la famosa cantante Castafiore, por poner un ejemplo).
Es una verdadera pena que todo se haya quedado en esa fiel superficie, porque la historia no va mucho más allá de su planteamiento de diversión intrascendente. Los comics de Hergé casi siempre incluían alguna nota agridulce o ciertos mensajes de cierto calado –incluyendo crítica social, inclusive- pero que en “Las Aventuras de Tintín” han sido dados de lado en mor del espectáculo más accesible y para el que no es necesario usar demasiado las neuronas. Otra pega es la propia técnica con la que está realizada que resulta espectacular en algunas escenas (ese tupé de Tintín en el que cada maldito pelo se mueve como si fuera totalmente real) y cansina en otras (algunos rostros son demasiado inexpresivos) y es que desde el estreno de las pioneras “Polar Express” o “Beowulf” sigo sin verle la gracia a eso de contratar actores reales, capturarles los gestos de la cara y crear un monigote animado con su –oculta- interpretación. Pero todo eso queda compensado con el sentido de la maravilla de muchas de las escenas de aventura; como ese final motorizado por las calles de un mercado árabe que actualiza y magnifica algo de ese tono marca de fábrica del mejor Spielberg. Sí, es algo simplista y puede ser olvidada a los pocos días de verse, pero ¿Y lo bien que nos lo hemos pasado? Ah, y la banda sonora de John Williams es estupenda, como siempre.


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