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| Miguel Ángel Villalobos |
TRADICIÓN
AMERICANA
No
se puede negar que la idea es buena. Hacer una reunión de todo el reparto
original de “American Pie”, aprovechando las míticas reuniones de instituto que
tanto juego han dado en la cinematografía de los States. Por supuesto que la
trilogía original tenía sus altos y sus bajos, pero en general contiene algunos
de los momentos más hilarantes que se han visto en cualquier saga cómica
reciente, y siempre mantuvo un toque transgresor que nunca viene mal. Chistes groseramente
sexuales y situaciones chuscas de gran acierto cimentaron las aventuras de Jim
y su grupo de amigos –casi todos ellos con una personalidad bien definida- en
tres películas cuyo punto climático fue la boda del mencionado Jim. La
nostalgia sigue vendiendo, no hay más que ver la cartelera de cine cualquier
día del año, así que el retorno de los actores originales augura taquilla y la
posibilidad de ver cómo se encuentran ellos y sus personajes. Prácticamente
ninguno ha conseguido excesiva fama más allá de esta saga. Mena Suvari despegó
fuerte con “American Beauty” para después pasar a los telefilms de los
domingos, y Jason Biggs llegó a trabajar incluso con Woody Allen. Mientras que
Sean William Scott compagina su trabajo como Stiffler con el de errático
secundario cómico y Tara Reid tuvo una época de ser más famosa por sus
operaciones de estética y algunos escándalos en la prensa del corazón que por
su –casi inexistente- carrera artística. Todos los demás desaparecieron en el
aire.
La
cuestión es –aparte de ver a cuál de ellos se le nota más la edad- saber si los
productores y realizadores del artefacto que nos ocupa se han currado una
historia que esté a la altura del buen recuerdo que guardamos muchos de
aquellas comedietas, tan americanas y sensibleras pero a la vez tan guarras y
desagradables. Y la prueba la pasan con un aprobado justito. Hay que reconocer
que ninguno de los involucrados en “American Pie: La Reunión” ha pretendido
inventar la pólvora, acabar con la crisis o salvar las ballenas con su trabajo
en la cinta, por lo que el resultado peca de cierta sosería solo salpicada con
algunos momentos de verdadera chispa. Todo es previsible en la versión actual
de los personajes, incluyendo a Jim convertido en un padre aburrido con dudas
sobre si su matrimonio es lo que realmente quiere, mientras que su propio y
mítico padre, ahora viudo, se piensa si dejar su toque conservador y soltarse
el pelo tal como su hijo hacía en el comienzo de la saga. La primera media hora
resulta algo cansina y de chistes sin excesiva gracia, que nos hacen temer lo
peor -¡American Pie se merecía un comienzo mucho más explosivo!-, sin embargo
poco a poco el film remonta y recupera el espíritu de los primeros films con
“sketches” verdaderamente hilarantes, sobre todo los que incluyen a Jim y su
reencuentro con la niña a la que hacía de canguro (hoy convertida en una mujer
de bandera con ganas de marcha) o a Stifler y su forma de… de ser Stifler,
vaya. Es el único que no ha cambiado y sus toques de gamberrismo descerebrado siempre
son bienvenidos.
El
supuesto toque crepuscular y esa especie de voluntad por dar un mensaje
“profundo” (jajaja) sobre la madurez y el dejar de hacer la cabra a ciertas
edades, es por supuesto solo un apunte superficial dentro de la chirigota que
domina toda la película. El toque moralista y los diálogos lacrimosos entre
padre e hijo vuelven a invalidar el conjunto una vez más, pero lo aceptamos
porque eso suele ser parte de la franquicia. Al fin y al cabo lo único que
queríamos era ver en pantalla a todos esos casposos personajes –incluyendo los
más secundarios, como el “Sherminator” o la madre de Stifler- y que aparezcan,
aunque sea brevemente, para soltar su frase habitual y arrancar ovaciones en
pie del público. Como es mi favorito no puedo dejar de mencionar al gran Finch,
del cual aquí descubrimos que en el instituto se puso a traducir a Dostoyevski
al latín, solo porque le apetecía. Situaciones de vergüenza ajena y bromas
lujuriosas. La verdad es que tampoco esperábamos mucho más. Como final de la saga
“American Pie” resulta bastante irregular, aunque algunas escenas acaban
salvando el conjunto. Como entretenimiento para una tarde aburrida no está nada
mal, especialmente si se entra en el juego y si eres un nostálgico empedernido.
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