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| Miguel Ángel Villalobos |
LA GUERRA POR LA RUBIA
Cual Paris y Aquiles se pelean dos espías de superlujo en esta cara y entretenida comedia. Si el premio en la guerra de Troya era el amor de Helena, aquí la tosca situación se reduce a conseguir los favores de Resse Witherspoon, la reina de las comedias románticas actuales. Y es que “Esto es la Guerra”, a pesar de contar con dos actores de relumbrón como Chris Pine y Tom Hardy, no es más que la enésima mezcla de risas embobadas y sentimentalismos “pastel” destinada a llevar a las parejas en innumerables hordas a sacar su entrada de cine. Es decir que aunque la situación de enredo podría recordar a cintas como “El Sr. Y la Sra. Smith” o “Cuidado con la Familia Blue”, me temo que al final la cosa se acerca más a “Killers”, de reciente estreno, y que ya contó con la otra reina de las comedias románticas actuales, Katherine Heigl. La cosa es meter la típica trama de enamoramientos, desenamoramientos, morritos y peleas de pareja, mezclada con otro tipo de peleas. En este caso tiroteos, explosiones, persecuciones destructivas en coche y artes marciales tutiplén.
Una cosa cambia con respecto a “Killers”, si en aquella teníamos como protagonista masculino a un actor tan lamentable como Ashton Kucher, en “Esto es la Guerra” la propuesta se dignifica con Pine y Hardy. Dos actores excelentes –especialmente el último- que aquí se dejan llevar por una historia de equívocos y celos insertada en un entorno de espionaje tecnificado. Como si a James Bond le diera de repente por querer enchocharse de por vida con la primera rubia que aparece, en lugar de dejarse llevar por su libido. Es lo que les pasa a los dos agentes secretos interpretados por Pine y Hardy, que lo que empieza como una bromita entre camaradas acaba en una divertida guerra por conseguir el afecto de la dichosa Whiterspoon. No escatimarán micrófonos de escucha, seguimientos por cámara, disfraces y puñaladas traperas para hacerle la puñeta al contrincante y quedarse con el premio. Es evidente que con tanto “gag” alguno encontramos que tiene bastante gracia.
La solícita rubia no sabrá a qué carta quedarse viendo la planta y simpatía de los dos maromos. Y mientras tanto, de forma intermitente, se nos cuenta una sub-trama en la que ambos mega-espias tienen que detener a un peligroso terrorista alemán –Til Schweiger en su quinceavo, o por ahí, papel de malo- que al final resultará definitoria para ver con cuál de los dos guayabos se queda la rubia, una vez se quite el cuajo de encima. Eso sí, la cosa se reduce a un prólogo lleno de acción en un rascacielos y a una persecución en bólidos final, porque durante el resto de metraje la trama del criminal alemán nos importa un pimiento. Chascarrillos, carisma actoral y una dirección plana pero fluida. No es buena, pero tampoco dan ganas de suicidarse después de verla. Que con el estado del cine actual, ya es mucho.
Una cosa cambia con respecto a “Killers”, si en aquella teníamos como protagonista masculino a un actor tan lamentable como Ashton Kucher, en “Esto es la Guerra” la propuesta se dignifica con Pine y Hardy. Dos actores excelentes –especialmente el último- que aquí se dejan llevar por una historia de equívocos y celos insertada en un entorno de espionaje tecnificado. Como si a James Bond le diera de repente por querer enchocharse de por vida con la primera rubia que aparece, en lugar de dejarse llevar por su libido. Es lo que les pasa a los dos agentes secretos interpretados por Pine y Hardy, que lo que empieza como una bromita entre camaradas acaba en una divertida guerra por conseguir el afecto de la dichosa Whiterspoon. No escatimarán micrófonos de escucha, seguimientos por cámara, disfraces y puñaladas traperas para hacerle la puñeta al contrincante y quedarse con el premio. Es evidente que con tanto “gag” alguno encontramos que tiene bastante gracia.
La solícita rubia no sabrá a qué carta quedarse viendo la planta y simpatía de los dos maromos. Y mientras tanto, de forma intermitente, se nos cuenta una sub-trama en la que ambos mega-espias tienen que detener a un peligroso terrorista alemán –Til Schweiger en su quinceavo, o por ahí, papel de malo- que al final resultará definitoria para ver con cuál de los dos guayabos se queda la rubia, una vez se quite el cuajo de encima. Eso sí, la cosa se reduce a un prólogo lleno de acción en un rascacielos y a una persecución en bólidos final, porque durante el resto de metraje la trama del criminal alemán nos importa un pimiento. Chascarrillos, carisma actoral y una dirección plana pero fluida. No es buena, pero tampoco dan ganas de suicidarse después de verla. Que con el estado del cine actual, ya es mucho.












