viernes, 20 de abril de 2012

AL BORDE DEL ABISMO

Miguel Ángel Villalobos




AL BORDE DEL SUICIDIO

O al menos así se siente uno durante la mayor parte del metraje de este bodrio. Estamos ante un nuevo caso de película mayormente alimenticia y apoyada desde las productoras debido a que tiene una premisa que, a priori, parece original para intrigar a la platea. Un hombre tiene que probar su inocencia en el feo asunto del robo de un diamante. Y no se le ocurre otra cosa al chaval que hacerse pasar por suicida en uno de los edificios más visibles de la gran manzana para que mientras que atrae a los medios y a la policía de toda la ciudad a ocuparse de sus monerías sobre la cornisa, su hermano y su novia -la del hermano- se infiltren en el edificio "Top-Security" del malvadísimo magnate que le acusó injustamente -que para más inri esta justo al otro lado de la calle- y así probar que lo del diamante no fue cosa suya. Este curioso plan (propio de un retrasado mental), le dará tiempo a su hermano para soltarle dos o tres chistecitos a su novia durante el metraje, conseguirá que él mismo le ponga ojos tiernos a la agente de policía "negociadora con suicidas" a la cual ha escogido personalmente para que trate con él, y hará salir de su escondrijo al malévolo empresario culpable de toda la verbena. Y con esta chorrada de argumento ya tenemos montada la película, por llamarla de alguna forma.
A todo esto no podemos más que quitarnos el sombrero ante la presencia de la estrella, Sam Worthington. Y digo esto porque hay que alabar a este intérprete: probablemente el actor más mediocre, aburrido e insufrible del Hollywood actual, capaz de conseguir dos puntos menos de expresividad que un indio de madera en cada plano, y que, a pesar de ello, es uno de los "artistas" más taquilleros y solicitados del panorama actual. Eso tiene mérito. Una buena prueba de, por este orden, la suerte que tienen algunos, la miopia de productores y espectadores y, en definitiva, de la decadencia del cine de nuestros días. Worthington puede estar contento, aburrido, asustado o cabreado que su imperturbable gesto es el mismo en todo el metraje, para alegría -suponemos- de su maquillador, que tiene que retocarle poco. A su lado, un repertorio de actores de prestigio tirando el idem por el retrete para cobrar las necesarias nóminas al final de rodaje. A saber; un Jamie Bell haciendo de ligón heroico a pesar de sus notorias orejas de soplillo, un Ed Harris cuyas capacidades interpretativas, a la par que su rostro, se están acercando por momentos a una inquietante momificación y un Ed Burns repitiendo su clásico papel de "Soy canallesco y sarcástico, pero entrañable a la vez" que tan bien le sale.
Por supuesto, las chicas son floreros lamentables con dos casos opuestos a destacar: la co-protagonista, Elizabeth Banks, decidida y carismática, pero que acaba supeditada a la hombría de Worthington -y haciéndole mohínos de quinceañera enamorada- y la novia del personaje de Bell, interpretado por una Genesis Rodriguez unicamente destinada a despertar la libido del personal masculino. De un escote de vértigo en el primer tercio del film, pasamos a un traje de cuero ajustado que -sí, amigos-, se embute delante de la cámara ante la atenta mirada de los espectadores y de su novio, que al ver sus curvas tapadas con unos someros sujetador y bragas, no puede evitar comentar "Nena, eres una obra maestra". Sin duda la frase más inteligente de todo el guión. En cuanto a otras chirigotas de la trama -podría decir muchas pero me quedo sin espacio-, hay que destacar sin duda el momento en el que el hermano y la buenorra necesitan reventar una puerta con una bomba, sin llamar la atención, claro. Así que el prota, desde su cornisa, hace como que se va a caer "¡¡Ay que me tiro, que voy, que voy!!" y el público asistente, policía incluida -con su tasa de efectivos, coches patrulla, helicópteros...- se le quedan mirando y nadie se da cuenta de la susodicha explosión en el edificio de enfrente. En fin, "Nena, eres una obra maestra". Algo que, evidentemente, no podemos decir de esta aburrida, ridícula, absurda y tremendamente mal rodada película, más propia para ejercer de telefilm de los domingos a las cuatro que para ser exhibida en una pantalla de cine. Aunque, visto el percal...





viernes, 13 de abril de 2012

REC 3: GENESIS

Miguel Ángel Villalobos



ZOMBIES IN LOVE

Probablemente Paco Plaza y Jaume Balagueró se quedaron de piedra al ver el éxito en taquilla de “Rec” su primera incursión en el tan de moda género del “survival zombie” que tantas –y mediocres- películas, series, comics y libros está generando desde que se puso en lo más alto del candelero en el proceloso mundo de la ficción. Aquella cinta presentaba un curioso y bien llevado pastiche entre la clásica película de muertos vivientes a lo Romero y un estilo “documental” heredado de cintas ya clásicas como “Holocausto Caníbal” o “El Proyecto de la Bruja de Blair”; sin escatimar hemoglobina, sustos, horror intelectual a lo Lovecraft y alguna risa floja perdida en una maraña de “zooms” ópticos, cámaras con tendencia al destroce y un avance argumental vertiginoso como pocos. Lo que en este film inaugural era fresco y divertido, se volvió rutina en la segunda parte: “Rec 2” a pesar de tener algunas de las mejores escenas de la saga, pecaba de repetición y cierta incongruencia con los planteamientos argumentales de la primera parte. Sin embargo tenía un toque, por así decirlo, canónico que “Rec 3” destroza y manda al olvido por completo.
En esta ocasión Paco Plaza dirige en solitario –Balagueró rodará la cuarta y, en teoría, última parte (“Rec 4: Apocalipsis”)-, y si por su título “Rec 3: Génesis” los fans de la saga pensaban que iba a ser una especie de precuela o explicación de los misterios que plantearon desde el comienzo de la franquicia, avisar desde ya que el film puede resultar muy decepcionante en ese aspecto. No solo no hay apenas referencias a los anteriores films –salvo un par de guiños, algunos bastante oscuros para los que no tengan mucha idea de que va esto- sino que toda la dinámica cambia a nivel narrativo y cinematográfico. Se deja atrás el asunto de la cámara en mano para presentar una película más típica, que pierde bastante gracia sin ese toque “realista” (dentro de lo que cabe) que tenían las otras dos. Encuadrada en una boda, el guión no puede ser ni más tópico ni más simple, aunque tenga uno o dos momentos cómicos bastante meritorios. Y es que Paco Plaza, en un movimiento que sin duda es valiente y hay que apreciar en su justa medida, ha rebajado el tono de horror para hacer más bien una comedia negra que puede recordar incluso a clásicos como “Braindead” de Peter Jackson o los primeros films de Sam Raimi. Esperpénticos invitados a la boda, situaciones de auténtica chirigota a la hora de matar zombies (con una batidora, incluso) y chistes nada sutiles dirigidos a la SGAE o a “iconos” como Bob Esponja. Aguerridas novias con sierras mecánicas o improvisados caballeros medievales –que útiles son las armaduras y espadas cuando se encuentran a mano- terminan por redondear un tono festivo que, de forma insólita, se acaba también perdiendo en el último tercio.
Así pues, Plaza no solo traiciona la misma esencia de su propia saga convirtiéndola en un cachondeo “zombie”, sino que es incoherente incluso dentro de su propio film, porque de un festival sangriento lleno de chistes y personajes bizarros, pasamos a un final de amor trágico más allá de la muerte que tiene peligrosas connotaciones de ñoñería absoluta. ¿Pero a qué viene esto? La verdad es que tanto “Extraterrestre” como “Rec 3” son películas entretenidas y con un gran oficio, pero la sensación –sobre todo con la que nos ocupa- es de ¿????¿. Aquí todos encantados de que se haga cine de género en España y con mimbres tan originales, pero a veces se llega a unas situaciones en las que nos preguntamos si realmente estas chirriantes y deslavazadas obras aportan algo al género o hacen algo por reanimar el laxo panorama del fantástico actual. En este último caso y a pesar de haber pasado un buen rato en el cine, es inevitable tener sentimientos encontrados.






domingo, 8 de abril de 2012

EXTRATERRESTRE

Miguel Ángel Villalobos



¿MARCIANOS O PERSONAS?

La trayectoria de Nacho Vigalondo como cineasta se caracteriza, en sus dos únicos largometrajes estrenados hasta la fecha, por una especie de revisionismo irónico del género fantástico. Si bien en su anterior obra –la excelente “Los Cronocrímenes”- facturaba una especie de alegoría temporal de “sci-fi” al más puro estilo Phillip K. Dick, en esta “Extraterrestre” que ahora estrena, prefiere hacer una divertida y a ratos absurda puesta al día de lo que podría ser un clásico episodio de series como “Dimensión Desconocida” o “Night Gallery”. La sombra de aquellos relatos de ciencia-ficción añejos, con componente social y humorístico, envueltos en un ambiente que mezclaba con maestría lo cotidiano con lo excepcional parece planear sobre esta farsa ambientada en un Madrid invadido por naves alienígenas y con sus ciudadanos –los pocos que no han abandonado la ciudad- a punto de sufrir un ataque de paranoia y miedo a lo desconocido. La música minimalista ayuda mucho a recordar la atmósfera de los cuentos televisivos que presentaba Rod Serling.
Por supuesto, y como ya adelantábamos, esta premisa tan machacada desde el comienzo de la narrativa fantástica no da como resultado una visión apocalíptica de la clásica invasión extraterrestre, sino que la cámara de Vigalondo enfoca el evento desde un punto de vista irreverente y simpático, además de a ras de suelo. La supuesta importancia narrativa de la presencia alienígena se reduce a la categoría de simple marco argumental –muy al fondo-, para en realidad dedicarse a desgranar las relaciones sentimentales y extravagantes de un reducido grupo de cuatro personas más o menos atrapadas dentro de un piso. Dos de ellos se han despertado juntos en la cama tras una noche de borrachera mientras que un tercero resulta ser el típico vecino cotilla y, para más inri, enamorado de la chica. Cuando aparezca el verdadero novio de la misma ya tendremos el enredo montado, con su inevitable cuota de equívocos sexuales, ocultamiento de la verdad, escarceos nocturnos y luchas de celos. La trama es sencilla y lineal al máximo, pero hay que alabar en Vigalondo su capacidad para extraer un sano entretenimiento usando de tan pocos mimbres.
Siendo como es Vigalondo un miembro salido de la factoría “Muchachada Nui” -una especie de puesta al día del “Amiguetes Entertainment” que llevó a Santiago Segura a lo más alto rodeándose siempre del mismo grupo de amigos y colaboradores- es inevitable la presencia de dos actores de la misma como son Raúl Cimas y Carlos Areces, ambos sobredimensionando el aspecto de humor absurdo de la propuesta. Quitando un par de elementos argumentales algo apresurados y propios del “Deus Ex Machina” más desatado, lo cierto es que “Extraterrestre” no deja de ser un nuevo soplo de aire fresco para el anquilosado cine español. Un film de agradable y rápido visionado, pero también puede provocar uno o dos debates en torno a su verdadera naturaleza. Una naturaleza realmente “extraterrestre” en nuestra cinematografía actual y que metería a Vigalondo en el mismo excelente saco de gente como Urbizu o Balagueró. Una cinematografía que, entrados ya en el 2012, sigue perdida entre dramones de la guerra civil y comedias chuscas.